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MIS DÍAS DE FERIANTE
Publicado el 02-09-2008, Por Francisco Flores Olave (*)
[ Escrito en Sección: Columnas, Ambito: Cañete / Lecturas: 1273 / Comentarios: 7 ]

 

Francisco Flores nos cuenta su historia de Feriante (hoy Vendedor Ambulante) en Cañete y se lamenta del actual desorden en este rubro y la pasividad de las autoridades de turno. Otras informaciones recibidas nos indican que gran parte de estos vendedores ni siquiera son de Cañete; viajan de Lota, Coronel, Curanilahue y otras ciudades; de donde se pasan la voz del libertinaje que existe acá.

Verano de 1970, y nos fuimos con mi mamá, y mis hermanas menores a pasar unos días donde unos tíos a Lebu; por aquellos años yo tenia algunos amigos allí ya que viajaba continuamente a visitar mi familia; posteriormente estudié en el Instituto Politécnico; hoy Liceo Industrial.

Después de transcurrida poco mas de una semana, llegó mi papá a buscarnos y ahí nos contó que Luis (que vivía en ese entonces con mis abuelos) estaba vendiendo en la “feria” de Cañete.

Mi abuelita Hortensia Arriagada le había prestado un pequeño capital para que comprara mercadería y vendiera afuera del Mercado Municipal con la finalidad de que se comprara una cama nueva.

Lógicamente cuando llegamos a Cañete, al día siguiente me nació la inquietud de ir a ver a mi hermano a su “negocio” para ver por mi mismo como era la cuestión.

Al cabo de tantos años he olvidado algunos detalles, pero haré una descripción del lugar aquel.



La sociedad cañetina en su conjunto por esos entonces se abastecía de frutas y verduras compradas generalmente en el Mercado Municipal (en ese tiempo era Municipal), los menos lo hacían en el almacén del barrio, y otros pocos en “El Vergel” de calle Villagrán.

Pues bien, en la esquina de Condell con Séptimo de Línea estaba la Ilustre Municipalidad de Cañete (hoy funciona allí, entre otras dependencias la Corporación de Asistencia Judicial), mirando desde la esquina nombrada hacia el poniente , en la vereda norte estaba ubicado el mítico Teatro Municipal, lugar de encuentro cultural y entretención de toda la comunidad cañetina ; por Séptimo de Línea hacia el norte justamente donde termina la Biblioteca Municipal, el Mercado Municipal , allí en su interior se podía comprar carne, pescados y mariscos; frutas y verduras de la zona y de temporada ; después del Mercado hacia el norte seguían otros locales que no recuerdo de qué, hasta llegar a una cervecería (no recuerdo el nombre de la dueña; solo su apodo, el que no diré), e inmediatamente estaba la gran tienda de don Camilo Dame de la Parra que quedaba justo en la esquina Séptimo de Línea con Arturo Prat; y en la esquina nor-poniente se ubicaba el Hotel Gajardo.

Por el costado de la Escuela Nº 2 de Niñas se ubicaban unos carritos que eran de los “faltes” quienes vendían de un “cuantuay” de cosas, entre ellas ropa; había uno de un Señor Huenchuleo; los otros, salvo el de alguien que recuerdo solo el apodo, no recuerdo quienes, pero eran como cuatro.

Pero volviendo a lo que era denominado como “la feria”; esta eran unos cuantos puestos ubicados por la orilla de la acera, pegados a la pared partiendo desde el Mercado hasta la tienda de Don Camilo Dame, todos ellos armados rústicamente sobre cajones manzaneros.

Bueno, uno de estos puestos era el “negocio” de mi hermano Luis, y se ubicaba exactamente afuera de la ventana de la cervecería al lado de la tienda.

El primer día que llegué tenía solo un cajón de tomates porque estaba un poco malo el negocio, como que no funcionaba, algo faltaba allí.



Regularmente pasaba por el sector un señor a quien nunca conocí, pero era un inspector municipal que fiscalizaba que todo estuviera en orden y en su lugar.

De la micro que llegaba de Cayucupil algunos días después compramos “fruto de oro”, el que se vendía en unos cucuruchos de diarios en la módica suma de un escudo (Eº 1 ), y estábamos todos en nuestros puestos tranquilamente esperando que llegara el público a comprar .

Pero un día la cosa no andaba bien, y con mi hermano comenzamos a subirnos a las micros de las 4 de la tarde antes que se marcharan a destino, para gritar nuestra mercadería, en ese momento la cosa mejoró y comenzamos a vender bastante, a tal grado que se hizo un hábito preparar los cucuruchos con “fruto de oro” y vocearlos por todo el lugar, sin pasarse hacia el Mercado (a pesar que nadie dijo eso, pero establecimos nuestra frontera).

En el mes de febrero comenzaron a llegar las ciruelas del sector de Cayucupil , las que muchas veces comprábamos a la Pascualita porque eran muy ricas; estas ciruelas eran de distintas variedades por lo que al masticarlas muchas veces, o se apretaban los dientes o se hacia algún tipo de musaraña, eso dependía de la cantidad de jugo ácido que tuvieran.

Para hacer mas llamativa la promoción entonces ideamos algunos gritos, las mas dulces eran de 3 tiritones; las menos dulces eran de 5 tiritones, hasta llegar a unas verdaderamente ácidas que eran catalogadas como de 7 tiritones, (todo era por la expresión de la cara del consumidor al invitarlo a probarlas). Las “peras de agua” eran ofrecidas con llave, para que el cliente pudiera darse una ducha en la casa.

En realidad con el pasar de los días la competencia entre todos se hizo de manera encarnizada de manera tal que la “gritaera” de los vendedores era un caos, nadie entendía nada.



Como consecuencia de esto el público comenzó a reclamar en la Municipalidad y los inspectores comenzaron a ponerse pesados, al punto que comenzaron a prohibir que gritáramos nuestra mercadería; lógico que sin gritar nadie vendía nada por lo que la fórmula continuó.

Hasta que un día,…ta ta ta tan; cuando llegué al “negocio”, todos los ambulantes estaban arrinconados en la boca-calle de Arturo Prat con Séptimo de Línea; todos, absolutamente todos metidos allí por orden municipal, con prohibición expresa de salir a gritar o vender a otro lugar corriendo el riesgo de ser detenido y multado por el Juzgado Local. Pa´ que decir que aquello “quebraba” las inversiones.

Un par de días después comenzaban las clases, y además estaba cumplido el objetivo de mi hermano cuando abrió su empresa de ventas, así que hicimos “término de giro” (es decir, nos comimos todo un excedente de frutas que teníamos) y liquidamos el negocio.

¿Qué pasó después?

A los “ferianos” “los agarraron” y los llevaron a la boca-calle de Riquelme con Séptimo de Línea donde estaba la Barraca de Otondo; obviamente allí nadie iba a comprar, y comenzaron los reclamos de los feriantes; y cosa curiosa, también reclamaba la gente que antes había reclamado en contra cuando se dio cuenta que no estaba en su lugar “la feria”.

Nuevamente “los agarraron” y los llevaron al costado norte de la Plaza Caupolicán, donde tampoco llegaba mucho público.

Mientras tanto desde la Ilustre Municipalidad comenzaron los trabajos de la construcción de un galpón en la boca-calle de Arturo Prat con Séptimo de Línea para traer allí la “feria”, previa venta de los locales construidos.

A contar del año 1975 se me pierde un poco la memoria de este lugar; no sé exactamente que pasó pero el galpón, que era conocido como “Mercado Negro” por haber sido construido entre los años 1970-1971; nunca fue ocupado realmente por quienes fue proyectado.

Al cabo de los años abro los ojos (por decirlo de alguna manera) y veo que los “feriantes” siguen en la calle; pero ahora esto es un verdadero caos vial; se ha invadido de manera indiscriminada la acera peatonal, las puertas de los domicilios particulares han sido prácticamente bloqueados por cajones sillas, mesas, sacos y romanas que instalan los feriantes allí. Amén de la “gritaera”, los receptores de radios y reproductores de música que coloca cada uno de los feriantes a su antojo, alterando la calidad de vida de los residentes del sector.

Es entonces cuando me pregunto ¿Qué pasó con aquel celo de los inspectores municipales porque la feria fuera ordenada y se respete los límites que le corresponden? ¿Qué pasó con la autoridad pertinente en este caso?

¿Alguien en alguna oportunidad de su “ocupado tiempo” habrá pensado lo complicado que significa para los residentes del sector vivir con esa contaminación acústica y la aglomeración de gente que hace prácticamente imposible la salida de sus propias casas?

¿Nadie se ha dado cuenta que esto necesita una regulación efectiva para elevar la calidad de vida para los propios “feriantes”, y en especial para los residentes del sector?

¿Es correcto que desde la Municipalidad se este entregando permisos informales para que las personas puedan vender en la calle y solucionar sus problemas económicos?

Ni siquiera la “feria” de Cañete puede ser visitada como un paseo, porque es tal el desorden que “los árboles (los puestos) no dejan ver el bosque”


No estoy en contra de que las personas trabajen, no faltaba más; pero es necesario que las autoridades pertinentes de una vez por todas tomen cartas en el asunto y den una solución a este caos en Cañete, pero las soluciones deben ser abordadas de manera tal que los beneficios lleguen a todos, no es posible que se viva en un desorden de esa naturaleza.

Pensaba , dentro de mi ingenuidad; que por ser época de elecciones municipales los candidatos pudieran abordar este tema para dar una solución armónica a la situación, y no hagan la vista gorda para no perder votos como hasta ahora se ha hecho..




(*) Francisco Flores Olave Ex-radio controlador de Radio MIllaray Alumno egresado de 8vo año de 1971 Escuela Nº1 profesor jefe Valentín Rocha http://francisco-flores.blogspot.com

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C O M E N T A R I O S
Personas Comentarios (7)
Luis Flores Olave
curanilahue@gmail.com
201.222.202.126
(7)

05-09-08
Falta
lo que no indica Francisco es que juntos el negocio creció como la espuma y comenzamos a comprar mercadería al Sr. Sierra que iba desde Chue, tomates,manzanas, uvas, peras que madurabamos artificialmente y sandías que cortabamos en rebanadas y vendíamos también de la misma forma para que nos diera mayor ganancia, algo que creo hoy no podría hacerse. Lamentablemente debimos hacer término de giro por lo que se indica y había que volver a los estudios. Eso mi abuela no lo perdonaba. Pancho a la básica y yo al Instituto Comercial. Esa es otra historia...
Luis Flores Olave
curanilahue@gmail.com
201.222.245.187
(6)

04-09-08
Dias inolvidables
He demorado un poco en opinar sobre la historia, diré que Pancho tenía 12 años y yo 14, acababa de finalizar mi educación básica. Y debo admitir que todo lo que allí aparece es veridico y lo hicimos impulsados por mis tios Noemí y Carlos que estaban en el rubro y la Tia Ube que tenía un puesto en el mercado. Actualmente, cuando estamos juntos en Cañete, vamos al lugar y rememoramos esos momentos que para nosotros son mágicos; porque nos permitieron conocer un mundo diferente de esfuerzo y sacrificio, como muchos otros que nos tocó vivir para poder madurar. Es grato recordar de donde vienes.
Alberto González Arévalo
algorev57@gmail.com
190.22.224.152
(5)

04-09-08
Dias de Feriano
Como siempre Don Francisco, recreando esas cosas bonitas del pasado con lujo de detalles. De veras me emocionó, y no sólo eso , me hubiera gustado probar esas ciruelas de 7 tiritones que venian de Cayucupil (nunca lo hice). Saludos Don Francisco ; (ah propósito una pregunta; ¿que edad tenían usted y su hermano en ese entonces?)
Eduardo Sáez Maldonado
chileenevidencia@bol.com.br
189.19.145.169
(4)

04-09-08
Ver el significado de " SUBLIMINAL"
Francisco.Tu crónica está llena de mensajes subliminales de buen origen;aquellos que eneltecen el espíritu humano y lo enriquecen( tu hermano trabajando y dando un ejemplo de que trabajo honesto es seimpre digno.Uds.gritando su mercadería,dando a entender y enseñando una técnica de ventas milinar,que lamentablemente los fiscales ignoraban por exceso de celo.En fin, u crónica tiene muchísimos mensajes subliminares enriquecedores.No es apenas entusiasmo mío,es una total y rica realidad,deberías eso sí,cultivarla mas,perfecccionarla etc.pues es un Don con el cual pocos nacen.Fue mas incentivo !!
Francisco Flores Olave
francisco.flores@canete.cl
190.22.253.123
(3)

03-09-08
Entusiasmo
Gracias Don Eduardo; usted siempre tan entusiasta.
Julio
julienlecolere@yahoo.com
190.20.117.191
(2)

02-09-08
Ferias Libres
De hecho desde el 2003, se esta cocinando en el parlamento, la Ley sobre ferias libres.
Eduardo Sáez Maldonado
chileenevidencia@bol.com.br
201.13.126.128
(1)

02-09-08
MAGISTRAL !!
¡Qué gran narrador es Don Francisco Flores!. Esta crónica es una primicia digna de un premio literario mayor..., es puro talento!. Nos ubica en el tiempo cronológico y en el espacio físico geográfico con total desenvoltura. Tiene una candura, una pureza, que llega a ser una dulce esperanza de que la Fé en el hombre no se puede perder (nos cuenta del motivo de su hermano Luis para trabajar con dignidad, o sea para comprar una cama). Pureza de alma y de espíritu retratadas magistralmente en esta crónica. Ojalá las escuelas y los profesores la aprovechen en las clases de "composición". Parabienes sinceros

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