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Construcción de caminos
RECUERDOS DE INFANCIA EN MI PUEBLO
Publicado el 25-06-2012, Por Francisco Flores Olave (*)
[ Escrito en Sección: Columnas, Ambito: Cañete / Lecturas: 1354 / Comentarios: 0 ]

 
 
 

Después de un tiempo vuelve a colaborar con nosotros Francisco Flores, nuevamente nos deleita con las cosas simples, sus recuerdos de Cañete a los que muchos no se sentirán ajenos.

Desde muy pequeño cuando niño casi diariamente me iba donde mi abuelita Hortensia Arriagada Torres en la Población Santa Clara en la entrada principal de Cañete por esos años y lo que era la periferia en esos momentos; porque con ella vivía mi hermano mayor Luis Flores Olave, con el que jugaba y hacíamos muchas “maldades” en la cancha desde mucho antes que aparecieran unos paneles que luego se convirtieron en la Población Nueva Santa Clara, situación que obviando el haber reducido el lugar para jugar trajo muchos y nuevos amigos.

Para llegar hasta allí me dirigía desde mi casa en el sector de Puente El Carmen-Camino a Cayucupil cruzando la propiedad de Don Segundo Concha y familia, en donde primero “robaba” unas ricas ciruelas y uvas según fuera la ocasión; luego subía el cerrito (como yo le llamaba) y me enfrentaba al fundo de los Hermosilla en donde algunos veranos podía disfrutar del hermoso paisaje que produce el trigal cuando está madurando, luego atravesaba la loma hacia el poniente y salía por donde se ubicó la población Cora en el gobierno de Eduardo Frei; (cuando se construyó esta población mi papá me mandó muchas veces a recoger clavos doblados que los maestros tiraban a la basura), por lo que llegaba a casa de mi abuelita desde el norte.

Otras veces lo hacía subiendo el cerro en donde según contaba mi papá alguna vez hubo un cementerio, nunca me preocupé de saber como se llamaba ni a quién pertenecía aquel predio; y salía justo en la esquina de las calles Ignacio Carrera Pinto con Tucapel por el costado de donde vivía una familia de apellido Moltedo.

Todo eso hasta que un día que no puedo determinar en mis memorias del año ‘ 67- ’68 o ´69, al cruzar el terreno de Don Segundo Concha y llegar a la parte norte donde estaba su límite me percato que unos añosos eucaliptos que marcaban la líneas divisorias de los terrenos habían sido talados.

Luego, al llegar al plan del terreno de los Hermosilla también me doy cuenta de que en un costado de esta propiedad habían instalado una especie de campamento porque había varios galpones oficinas y mucha maquinaria. También instalaron allí una especie de villa o población para todo el personal que llegó con esta empresa.

La empresa mencionada se llamaba Constructora Ignacio Hurtado Hecheñique y comenzó a trabajar desde el sector norte de Cañete por la parte oriente abriendo una senda que con los años daría paso a la hermosa autopista que posee la ciudad en la actualidad.

Yo no lo dí mucha importancia durante algún tiempo a este acontecimiento pero cuando comenzaron a trabajar y cortar en dos la propiedad de Don Julio Saú hacia el sur me enamoré de toda la maquinaria que veía trabajando en el lugar. Nunca había visto rodillos compactadores, cargadores frontales, los camiones de las dimensiones que estaba viendo en ese momento, tractores bulldozer, y lo mas impresionante a mis ojos infantiles eran los tractores-scraper (raspadores) que nunca había visto, y nunca más los volví a ver.

Aquellos tractores eran impresionantes a mis ojos cuando bajaban la tolva o cuenco y con su borde delantero horizontal agudo cortaba la tierra que llenaba su tolva con unos 8- 10 metros cúbicos de material; y una vez llena levantaba la tolva y la cerraba con una cuchilla vertical conocida como plataforma, luego el tractor transporta su carga a la zona de relleno donde eleva la cuchilla y el panel posterior o eyector era hidráulicamente empujado hacia adelante moviendo la carga hacia fuera. Luego repetía el ciclo.

Como este tractor no tenía la fuerza suficiente por si mismo para realizar el raspado de la tierra era ayudado por un bulldozer que lo empujaba hacia adelante con su hoja arrastradora.

Tanto me dediqué a contemplar estas faenas que diariamente estaba en el sector abajo del cementerio encaramado en un corte de tierra desde donde fácilmente pude aprender el funcionamiento de estas maquinarias que sabía en mi mente infantil nunca volvería a ver.

Recuerdo que una vez mi papá salió a buscarme y cuando estuvo a mi lado le iba indicando como había que hacer para operar los distintos movimientos de los bulldozer por ejemplo, “Cuando mueve esa palanca (torque) la máquina anda hacia atrás o adelante, le “enseñaba “ a mi papá.

Por aquellos años la tarea de esta empresa solo era abrir la senda y para la época y el lugar eran una magnífica obra de ingeniería el puente sobre el río Leiva y los Cuatro Tubos al final del río Caillín, nombre que con el quedó para siempre en el sector.

Con los años me olvidé de las máquinas y de muchos sueños; pero con el tiempo mi trabajo se relacionó directamente con la construcción y ya no había tractores-scraper; hay nueva maquinaria; grúas horquilla, mini cargadores (gatos), enormes grúas torres, grúas telescópicas, autocargadores de containers; y una enorme variedad de máquinas que se pueden emplear en múltiples faenas en la construcción.

Hasta que un día mi jefe me dice “hay que ir a la Ignacio Hurtado en calle tanto….” , llego al lugar y esperando la resolución de lo que iba a hacer me instalo a conversar con un viejito ( siempre hay un viejito en todas partes) que una vez contada esta misma historia me dice “Maestro, lo invito a ver algo a ese galpón para que se emocione” y era que no, allí estaban casi todas las máquinas que había visto trabajar en Cañete en los días de mi niñez; allí estaban amontonadas, abandonadas y olvidadas; llenas de óxido por el paso del tiempo. No podía creer lo que estaba viendo.

Hoy quiero rendir homenaje a aquellos hombres que dejaron esta huella en Cañete abriendo sendas para las generaciones actuales y posteriores y de los cuales tal vez nunca sabremos sus nombres, pero es tal cual lo dice Julio Iglesias “la obras quedan, las gentes se van”

Hace tan sólo unos días supe que las dependencias de la empresa Ignacio Hurtado Ltda. Ya no están en el mismo lugar y las máquinas , o lo que quedaba de ellas fue vendida como chatarra para ser fundida. Una terrible pena.





(*) Francisco Flores Olave Ex-radio controlador de Radio MIllaray Alumno egresado de 8vo año de 1971 Escuela Nº1 profesor jefe Valentín Rocha http://francisco-flores.blogspot.com

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